L’éditorial du journal « El Mundo »

L’éditorial du journal « El Mundo »

Pour les lecteurs qui ont la chance de pratiquer le castillan, voici l’éditorial du quotidien espagnol « El Mundo », équivalent de « Le Monde » français, mais davantage de centre-droit. Rarement, un éditorial aura été au plus proche de la réalité. Tout y est. Analyse des plus fines, observation pertinente. Il est rare que des journalistes étrangers aient ce regard sur la France, pays que les espagnols, en majorité, ont toujours apprécié et adulé. C’est aussi un texte de « Bonne chance » à la France.

El candidato de ‘¡En Marcha!’ durante su discurso de hoy. PATRICK KOVARIKAFP

Un optimista en el país de los pesimistas

¿Puede un optimista gobernar el país más pesimista del mundo? Es esa la cuestión. Por encima de sondeos y de sumas lógicas de los votos recibidos en la primera vuelta.

« Emmanuel Macron atrae a los optimistas, y Marine Le Pen a los pesimistas. En un país pesimista, eso da miedo », concluía Simon Kuper en ‘Financial Times’.

Y Francia no es que sea un país pesimista. Es el más pesimista de la Tierra. Un estudio que citaba ‘The Economist’ hace unas semanas que el 81% de los franceses creen que el mundo va a peor frente a un 3% que piensa lo contrario.

Cuando yo vivía en Francia, en los años 90, ya me llamó la atención ese pesimismo. De hecho, una vez me invitaron a un coloquio sobre el declive de Francia. Reunieron a varios corresponsales extranjeros en un salón de la Torre Eiffel. Nos miramos, París a nuestros pies, el champagne en la cubitera y… echamos por tierra el debate.

Pero la idea del declive de Francia ha hecho tanto camino que ha dado paso a una teoría, el declinismo. ‘De déclin’, decadencia.

Esto se traduce políticamente en dos fenómenos complementarios. La búsqueda de culpables y la nostalgia. Entre los primeros, la globalización, los inmigrantes, las élites corruptas, Bruselas, el capitalismo etc. Una música que suena al temario de campaña de Le Pen… Y al de Jean-Luc Mélenchon con la excepción del señalamiento del extranjero. La campaña del candidato de la Francia Insumisa ha legitimado muchos de los argumentos de la líder del Frente Nacional, singularmente su euroescepticismo. Así que cuidado con sumar todos sus votos a los de Macron.

La evocación melancólica del pasado se ha convertido en una tendencia política mundial, el nacionalismo nostálgico, según expresión acuñada por Gideon Rachman, columnista del FT. Esa añoranza de un pasado idealizado llevó a la victoria a Donald Trump y provocó el ‘Brexit’. Y se observa en Rusia, China y Turquía. « En estos tres países la añoranza de la pasada grandeza nacional se combina con campañas gubernamentales a fuerzas externas hostiles y con la búsqueda de enemigos internos señalados como antinacionales », decía Rachman.

Es la música que toca Le Pen. El Frente ya es el partido de los trabajadores, según demuestran los estudios postelectorales de las últimas consultas. Y, el de muchos jóvenes. Un estudio reciente de Cevipof señaló que el 99% de los menores de 35 años piensan que los políticos son unos corruptos.

Por eso, la tarea de Macron no es tan fácil como parece deducirse de los sondeos y del apoyo de François Fillon y Bernard Hamon, candidatos de las dos fuerzas que ha dominado la V República desde 1958 y que hoy condujeron a sus mayores derrotas.

Macron representa a los triunfadores urbanos según la clasificación tribal del citado Kuper. « Esa gente educada que vive de sushi y se dedica al comercio internacional. La tribu más feliz, profesionales de las compañías tecnológicas y de las multinacionales que viven en los mejores barrios de París y de las ciudades ricas de la provincia ».

El candidato de las élites, que será ejemplo de las escuelas de marketing, ha irrumpido como un relámpago en la anquilosada clase política. Fugaz militante socialista, fugaz asesor del presidente François Hollande, fugaz ministro. Con breve (y exitoso) paso previo por el mundo de los negocios. Con una historia de amor atípica. Con un ego y una confianza en sí mismo que le llevó a bautizar su movimiento político con dos palabras, ¡En Marcha!, que coinciden con sus iniciales. Con un programa tan etéreo como una esferificación de cocinero de vanguardia. Poco importa. El mensaje es él.

Puede ser el presidente más joven de Francia desde Napoleón. Sólo hace falta que contagie su entusiasmo reformista, europeo y vital a todos esos franceses que creen que el mundo está contra ellos y que Francia va cuesta abajo. Suerte.

Categories: France

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